La Coctelera

Categoría: Narrativa

Laura, Fran y Fiódor

Mi querido Dostoievski es el título de la reciente creación literaria que firma Francisco Rodríguez Criado, novela que ya ha dado a conocer en Madrid, Cáceres y el pasado viernes en Plasencia, acto este último presentado magníficamente por el también escritor Juan Ramón Santos. Esta apetecible y cuidada edición ya la puedes encontrar en librerías.

Aquí dejo un copio y pego de la sinopsis de la obra:

Una novela epistolar e intimista que tiende un puente entre las literaturas del siglo XIX y XXI con la Europa del siglo XX como telón de fondo.

Laura Bauer, una anciana apasionada por la literatura, escribe regularmente a su admirado Fédor Dostoievski, "allá donde esté", más de un siglo después de la muerte del escritor, cartas que desvelan, más allá de sus achaques y reflexiones, la clave de su vida. Sus confesiones, que en ocasiones apuntan inquietantes paralelismos con la vida del autor ruso, trazan una vigorosa crónica del siglo XX.

Francisco Rodríguez Criado (Cáceres, 1967) nos muestra en este conmovedor epistolario a una mujer fascinante y lúcida que desnuda sin autoindulgencia sus debilidades y flaquezas. "¿No es la literatura, a la que soy adicta, una suerte de prolongada justificación?".

 

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Minificciones de Pablo Gonz

EN CUALQUIER MOMENTO

Los árboles, batidos por el viento, golpeaban los vidrios
de las ventanas como si fueran bromistas. La lluvia
se colaba por la chimenea rugiente. Y los niños lloraban
de miedo. Ella picaba cebollas sobre la mesa de
la cocina y se hizo un largo corte en un dedo. Inmediatamente
se produjo el terremoto.

 


EL GOL

Escuchó desde la cama el monstruoso grito de la ciudad;
y media hora después, los primeros cantos callejeros.
Se levantó, se echó la bata por los hombros y se acercó
a la ventana: muchachos y muchachas con banderas,
como el día en que empezó la guerra; con los
puños alzados, como el día en que empezó la guerra;
sonrientes, como el día en que empezó la guerra. Corrió
las cortinas. Volvió al dormitorio. Se acostó. Repasó
mentalmente sus provisiones.

 

 


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He aquí tres de los sesenta y un textos que forman La saliva del tigre. El autor facilita, desde su blog, distintas posibilidades de obtener este libro.

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Un libro...

 


 

G[HB]ENIAL

 

 


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Lecturas y visiones

Max Brod dijo: «Su pensamiento se construía en forma de imágenes.»

Contraportada:

La faceta de dibujante de Kafka y su temprana vocación por el dibujo surgió, según cuenta el editor de la edición original, Niels Bokhove, al contemplar en el escaparate de una tienda dos cuadros que le dejaron una fuerte impronta. Éste nos señala un significativo ejemplo de la función de las artes plásticas en la prosa de Kafka, la figura del pintor Titorelli en El proceso, en quien proyectaba su ideal de convertirse en un escritor reconocido.
Pese a que por lo general se relacionan con su universo literario, muchos de los cuarenta dibujos que se presentan en esta original edición son bocetos de sus días de estudiante, acompañados por un fragmento de texto específico del autor. El proceso de asignar los pasajes de la obra de Kafka a cada uno de los dibujos, recopilados por Max Brod, distingue dos tipos de fragmento: por un lado están los que acompañaban originalmente a los dibujos, y de otra parte aquéllos que han sido escogidos de la obra completa de Kafka y que intensifican el dibujo y a la inversa.
Tan inclasificables como su literatura, estos dibujos conducen a la misma discusión acerca de si cabe o no considerar a Kafka expresionista. Ante esto, preferimos quedarnos con la cita de Brod: «Puedo deciros el nombre de un gran artista, Franz Kafka».

Edita sextopiso. Imprescindible.


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En prosa y (algo) en verso

transcurre la narración de esta BIBLIA APÓCRIFA DE ARACIA, novela de Juan Ramón Santos. Compendio de estilos tejido con oficio e inteligencia, esta obra recién salida del horno es un relato bien amasado que persigue y consigue llevar al lector al campo, debidamente entendido, de lo ameno, cosa poco fácil de encontrar, hoy día, en el universo literario. Un lujo que agradece el curioso lector.
El libro será presentado por Gonzalo Hidalgo Bayal en Plasencia el próximo viernes día 4, a las 19:30, en el Centro Cultural Las Claras. Una cita a la que asistir. Nos vemos.

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Graznido

¡Renuncia!

Era muy temprano por la mañana, las calles estaban limpias y vacías, yo iba a la estación. Al verificar la hora de mi reloj con la del reloj de una torre, vi que era mucho más tarde de lo que yo creía, tenía que darme mucha prisa; el sobresalto que produjo este descubrimiento me hizo perder la tranquilidad, no me orientaba todavía muy bien en aquella ciudad. Felizmente había un policía en las cercanías, fui hacia él y le pregunté, sin aliento, cuál era el camino. Sonrió y dijo:

-¿Por mí quieres conocer el camino?

-Sí -dije-, ya que no puedo hallarlo por mí mismo.

-Renuncia, renuncia -dijo, y se volvió con gran ímpetu, como las gentes que quieren quedarse a solas con su risa.

FIN

Franz Kafka

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Ramón pintor, Gaya escritor

  RG. Plenilunio con nubes (gouache, 1951)

 


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Galdós

A Galdós me lo figuro dando vueltas y vueltas por Madrid, sin prisa, claro está, pero no a la manera del paseante o del ocioso, es decir, no con el placer del paseante ni el cinismo del ocioso, sino con ese paso de perro callejero que no es propiamente una lentitud, sino una sapiencia; porque eso que en los perros callejeros puede parecer vaguedad de objetivo no es más que sabiduría, sabiduría profunda, convencimiento de que no hay lugares absolutos adonde ir. Galdós, con su gabán y su bufanda, parecía un mendigo de calidad, un mendigo que no pide, que recibe todo pero que no pide; y la realidad se le iba entregando así, cordialmente, sin violencia, sin conquista, sin estudio. Flaubert (un gran artista indudable pero menos elegido) tiene una actitud tan estudiosa ante la realidad que, claro, ésta muchas veces huye, huye ofendida a entregarse a otro, a otro que no la observe como un fenómeno, sino que la mire como un amigo, como un hermano; es el secreto de Galdós, tratar a la realidad como a una igual suya, es decir, sin servilismo ni altanería y, claro, sin objetividad, sin el insulto de la objetividad. Los sucesos más sorprendentes, más monstruosos, más inverosímiles, los ve Galdós con una gran naturalidad porque, en vez de mantenerse en esa actitud grosera del que asiste a un espectáculo, se presta delicadamente a ser un amigo de esos sucesos -no a tomar parte, partido en ellos, ya que eso sería meterse donde no le llaman-, se presta, sencillamente, a ser un semejante de la realidad para que ésta no pueda sentirse abandonada ni observada; Galdós no es que se mezcle y se pierda en lo real, sino que se solidariza con la realidad sin inmiscuirse en ella, y una vez solidarizado, hermanado, nada de esa realidad puede extrañarle. En los grandes novelistas es fácil descubrir dos actitudes, la del impertinente objetivo -Stendhal- y la del generoso náufrago -Dostoievski-, pero es difícil encontrar una actitud piadosa como la de Galdós. Flaubert creía ser la Bovary, pero no se trata de ser los personajes por dentro ni de contemplarlos a distancia, sino de convivir, de acercarse a ellos sin pasiones y sin aprovechamientos. Hoy, después de algunas tonterías del 98 sobre Galdós, parece despertarse una nueva estimación por él, pero los investigadores, los historiadores, los críticos -como siempre- remueven afanosamente todo el material de sus novelas y se disponen a medir y a pesar la prosa, el estilo, la composición, la veracidad, la fantasía, los símbolos, sin comprender que, mientras se entregan a ese trabajo miope, se les escapa su grandeza. La grandeza de Galdós no la encontraremos nunca en la composición ni en el contenido de sus novelas, sino en la relación armoniosa que ha quedado establecida, milagrosamente, entre él y la Realidad.

1952

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ΛΥΚΑΝΘΡΩΠίΑ

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-Pues, ¿cómo es esto -dijo Arnaldo- que comúnmente se dice y se tiene por cierto que en Inglaterra andan por los campos manadas de lobos, que de gentes humanas se han convertido en ellos?

-Eso -respondió Mauricio- no puede ser en Inglaterra, porque en aquella isla templada y fertilísima no sólo no se crían lobos, pero ninguno otro animal nocivo: como si dijésemos serpientes, víboras, sapos, arañas y escorpiones; antes es cosa llana y manifiesta que si algún animal ponzoñoso traen de otras partes a Inglaterra, en llegando a ella muere; y si de la tierra desta isla llevan a otra parte a alguna tierra y cercan con ella a alguna víbora, no osa ni puede salir del cerco que la aprisiona y rodea, hasta quedar muerta. Lo que se ha de entender desto de convertirse en lobos es que hay una enfermedad a quien llaman los médicos manía lupina, que es de calidad que al que la padece le parece que se ha convertido en lobo, y aúlla como lobo, y se juntan con otros heridos del mismo mal, y andan en manadas por los campos y por los montes, ladrando ya como perros, o ya aullando como lobos; despedazan los árboles, matan a quien encuentran y comen la carne cruda de los muertos, y hoy día sé yo que hay en la isla de Sicilia, que es la mayor del mar Mediterráneo, gentes deste género, a quien los sicilianos llaman lobos menar, los cuales, antes que les dé tan pestífera enfermedad, lo sienten, y dicen a los que están junto a ellos que se aparten y huyan dellos, o que los aten o encierren, porque si no se guardan, los hacen pedazos a bocados y los desmenuzan, si pueden, con las uñas, dando terribles y espantosos ladridos. Y es esto tanta verdad que, entre los que se han de casar, se hace información bastante de que ninguno dellos es tocado desta enfermedad; y si después, andando el tiempo, la esperiencia muestra lo contrario, se dirime el matrimonio. También es opinión de Plinio, según lo escribe en el lib. 8, cap. 22, que entre los árcades hay un género de gente, la cual, pasando un lago, cuelga los vestidos que lleva de una encina, y se entra desnudo la tierra dentro, y se junta con la gente que allí halla de su linaje en figura de lobos, y está con ellos nueve años, al cabo de los cuales vuelve a pasar el lago, y cobra su perdida figura; pero todo esto se ha de tener por mentira, y si algo hay, pasa en la imaginación y no realmente.

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MCS

De Los trabajos de Persiles y Sigismunda (Capítulo diez y ocho del primer libro).

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