La Coctelera

Categoría: Narrativa

HISTORIAS DE VILLA GERMELINA

Posteado por: Miguel Ángel el 16 nov En: Narrativa - 2 comentarios

El fotógrafo, activista humanitario y escritor Nicanor Gil González (Guadalupe, 1967) nos presentará en breve la publicación de un conjunto de relatos que narran las andanzas de seres que, a través del tiempo, de los prodigios y del imaginario, han ido configurando el carácter de una (reconocida y reconocible) villa, siendo ésta el escenario común en todos los cuentos que el libro contiene.

Habrá presentación en Mérida el día 20 (20:30 horas, en la Biblioteca Jesús Delgado Valhondo) y en Plasencia será el viernes día 21, a las 20:00 horas, en el Centro Cultural Las Claras. Allí estaremos.



Puedes encontrar Historias de Villa Germelina en las principales librerías o pedirlo directamente a la editorial.
(pvp 14 euros)

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[HISTORIAS DE] URANIA

Posteado por: Miguel Ángel el 10 oct En: Narrativa - 2 comentarios

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IV

Lili de la laguna

Lili, Lili de la laguna, Lili, la de la cara tersa de niña y los senos apretados en el corsé demasiado ajustado, Lili, la de la mirada de gotas de obsidiana, Lili, la que vino del fondo de la montaña, de Yalalag, de Oaxaca, Lili, a quien encontré frente a la cabaña de ladrillos sin mortero y techo de lámina, al borde de la laguna de Orandino. Yo me imaginé que ella estaría esperándome, que ella sabría que yo vendría.

Cuando llego, la veo al final del camino de tierra. Está sentada frente a la puerta de la casa, vestida con un pantalón demasiado ancho y una camiseta que lleva escrito: Euskadi radial; algo para camioneros.

No es mucho más alta que los niños que juegan a los quemados en la calle, golpeando con palos las latas de conservas como si fueran bates y pelotas. Lili tiene la cara muy redonda, una boca ancha, cabellos negros bien peinados y un flequillo que le cubre la frente hasta donde empieza la nariz, ocultándole las cejas. La reconozco inmediatamente, gracias a la foto que me dio Ariana, pero también porque he soñado con ella. Lo que reconozco es su mirada; una mirada directa, limpia, con una estrella de luz que brilla en sus profundos iris.

Le hablo sin saber qué quiero decirle. Creo que en este momento no tengo nada que decirle. Digo: Señorita, con su permiso, yo quisiera... Pero no continúo, y ella me mira sin sorpresa. No quiero sino quedarme de pie bajo su sol, y que ella mire mi sombra.

No vine para hablarle, para intercambiar nombres y direcciones, preguntas y respuestas. Parece que lo único que ella espera es que yo me aparte de su sol; lo hago y me siento en cuclillas a su lado, le ofrezco un cigarro. Quisiera pedirle perdón, perdón por todo lo que los hombres le han hecho, perdón por las humillaciones, las risas despectivas.

Perdón por haberla arrancado de la tierra donde nació, por haberla entregado a los verdugos. Por el incesto, la violación, la destrucción. Por haber hecho de su cuerpo un objeto de venta. Y perdón por haber hecho de él un objeto de estudio, por haber sido cómplice de la mirada indecente de los estudiantes e investigadores, de los antropólogos, como quien dice los antropófagos; de sus manos, que sacan del bolsillo una libretita para tomar notas, un lapicito, que accionan a escondidas la grabadora oculta en el bolso que cuelga de su hombro. Por las risas que brotan cuando escuchan la grabación de su voz clara, un poco nasal, un poco cantarina, voz de mujer de la montaña. Su voz, que responde a las preguntas maliciosas, con palabras simples, palabras inocentes.

No me atrevo a hablarle de la Zona, de la dura vida que ella lleva. La observo de vez en cuando, trato de leer en su cara rastros de violencia, sobre su frente, en sus ojos. Las citas con los notables del Valle en habitaciones miserables, los colchones manchados, un lavabo, un espejo desportillado, una silla de plástico en donde los hombres colocan su camisa y su pantalón.

Pero es ilegible. El mal ha resbalado por ella como agua salada, sin dejar rastro. Hombres que sujetaron sus caderas, que se recostaron sobre ella, hombres comunes, ni peores ni mejores que otros, hombres casados, con hijos, que viven en las nuevas mansiones de la Glorieta, la Media Luna, el Paraíso. Agricultores, tenderos. Acaso Don Chuy, con quien hablé por lo de mi estudio sobre la tierra, el que tiene el monopolio de máquinas para cosechar el garbanzo; un hombre que parece un cacique, alto y fuerte, con la piel casi negra de tanto estar bajo el rayo del sol.

Trigo, el notario, el hombre hacelotodo de Aranzas, alto y delgado, con un bigote alborotado, y que presume de ser el poeta del Valle. Lili. Lili es como una flor, una flor india, la flor de mayo, por ejemplo, con sus pétalos aterciopelados, su perfume de vainilla y pimienta, una flor resplandeciente de juventud y de vida. Esos hombres la han tocado, han respirado su olor, se han abandonado en ella. Cada vez le han quitado un poco de su vida y de su juventud. Ella ha conservado su mirada limpia, su voz ligera, su risa, su cuerpo de mujer y su cara de niña; su perfume de tierra.

Lili, tú no me interrogaste, no me preguntaste qué buscaba, por qué había venido. Sólo dijiste: "¿Y ahora?" Tú tienes la edad del basalto de los templos, eres una raíz imperecedera. Eres dulce y vivaz, has conocido el mal y te mantienes nueva. Tú repeles la franja de basura que bordea el canal, tú filtras el agua negra de la laguna de Arandino, tú haces brillar los muros y los techos de las casas de los Paracaidistas.

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Por Jean-Marie Gustave Le Clézio, fragmento de la novela Urania (2007).

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HISTORIAS DE CICONIA

Posteado por: Miguel Ángel el 27 sep En: Narrativa - 1 comentario

Fragmento (página 217 y siguiente):

[…

Me acuerdo de que mis hermanas tenían por costumbre sentarse en los bancos de la Plaza de Italia, y que en alguna ocasión me utilizaron (porque esa es la palabra) de recadero. Las tres eran mayores que yo y ya andaban enredando con niños, que, cómo no, solían rondar cerca para hacer posible el juego del amor (que tenía entonces mucho de juego y poco de amoroso). Así que yo recogía los recados verbales e iba de un banco a otro, entregándolos. Mi hermana me ha dicho que te diga que... y el chico en cuestión me decía lo que, en respuesta, yo tenía que decirle a mi hermana.

Era algo absurdo, ahora que lo pienso. Podrían haberse reunido todos, chicos y chicas, en un solo banco y dedicarse elogios y reproches (¿qué es el amor sino una mezcla de ambos sustantivos?) sin tener que marear a un pobre niño de cuatro o cinco años. Pero supongo que así era más cómodo, porque la distancia, aunque sólo fuera de unos metros, y la contratación (no remunerada) de un mensajero (yo) otorgaba mayor rango a aquellos devaneos amorosos.

Pero sea porque aquellos chicos no estaban dotados para el galanteo o porque yo interpretaba mal sus palabras (y por tanto entregaba mal los mensajes), de aquel juego no salió nada productivo.

Años después mis hermanas alcanzaron la edad para salir con chicos. Ellas aprendieron a entregar sus propios recados y yo recuperé por fin la libertad, libre de los caprichos de Cupido.

[Fragmento del Álbum de Nostalgias del autor]

…]


De la contraportada:

A mitad de camino entre la realidad y la ficción, Historias de Ciconia conforma un microcosmos literario donde la suma de lo secundario acaba por convertirse en lo principal. Por sus páginas deambula un catálogo de más de cien personajes de diversas clases sociales cuyas vidas entrecruzadas, expuestas ante el lector en estampas fragmentarias a modo de álbum fotográfico, escenifican el día a día durante una semana de una pequeña ciudad de provincias que nunca hasta ahora había tenido quien la escribiera. En una arriesgada apuesta que le lleva a prescindir de los patrones clásicos de la novela, desde un lenguaje sencillo y una estructura compleja, Francisco Rodríguez Criado se adentra con este trabajo en un territorio marcado por una desinhibida libertad creativa, la reflexión filosófica, el surrealismo, el humor triste y cierto regusto por las historias mínimas con finales abiertos.


Después de cuatro libros de relatos y una recopilación de cuentos, el escritor cacereño Francisco Rodríguez Criado, autor de Un elefante en Harrods, publica la novela Historias de Ciconia, recién sacada del horno por de la luna libros y que ya puedes encontrar en librerías o pedirlo directamente a la editora a un precio de 16 leurines. Lectura amena garantizada.

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DE EDUARDO GALEANO

Posteado por: Miguel Ángel el 4 sep En: Narrativa - 3 comentarios

 

CELEBRACIÓN DE LA FANTASÍA

 Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunté

-Atrasa un poco -reconoció.

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ORIGEN DEL NATURALISMO

Posteado por: Miguel Ángel el 12 may En: Narrativa - 2 comentarios

Cada cual según su humor (fragmento)

"Un humor es cualquier cualidad peculiar que de tal modo toma posesión de un hombre que tira de todos sus afectos, de sus ánimos, de sus fuerzas, y en toda ocurrencia los hace correr por el mismo camino.
(...)
La proporción en la que se combinan los humores en el cuerpo determina los distintos temperamentos:
En el sanguíneo la sangre es dominante. Los sanguíneos suelen distinguirse por su rostro pálido, por dormir mucho, soñar con cosas agradables e irritarse con facilidad.
El colérico, que está bajo el influjo de la bilis, es alto y delgado y vive en medio de permanentes arrebatos y de sueños resplandecientes, llenos de truenos y de cosas peligrosas.
El melancólico, tiene entre sus síntomas del comportamiento el insomnio, las pesadillas y las opiniones intransigentes, siendo un humor propicio para asumir la vida retirada, dedicada al estudio y a la meditación.
El flemático fue considerado como el peor de los cuatro; a él se asociaban la gordura, el sueño excesivo y la lentitud en el aprendizaje.
"


Nada, ni en el postulante Zola ni en su ferviente Pardo Bazán; tampoco en el cañero Blasco Ibáñez. Digo, que al creador del verdadero Naturalismo hay que buscarlo trescientos años antes del siglo de este grupo de escritores antirrománticos. Y por fin aparece en la figura del actor, poeta, dramaturgo y gran lector Ben Jonson. ¿Quién dice que, de haber nacido en este nuestro tiempo, también hubiera alcanzado fama y gloria siendo un veloz atleta? Que viniendo de un renacentista nunca se sabe.

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MONZÓ Y SUS CRETINOS

Posteado por: Miguel Ángel el 14 abr En: Narrativa - sin comentarios

…/ Mònica me pregunta: ¿miras a menudo por la ventana? A veces; pero nunca con la intensidad de ahora, con la conciencia ab­sorbente de estar realmente mirando por la venta­na, empleando toda la atención en esa actividad. Hay mucha gente que mira por la ventana, de paso, para cotillear, para pasar el rato. Yo mismo he mirado así muchas veces. Pero esta vez es dife­rente. Esta vez se trata de dedicarse a mirar por la ventana, no a ver tal o cual cosa, o a fisgonear qué hacen o dejan de hacer los vecinos. De hecho, me daría igual no ver nada. Si afuera hubiese una nie­bla espesa, yo seguiría mirando por la ventana con la misma dedicación, y el goce que obtendría con ello tendría la misma fuerza porque no me lo proporciona lo que veo o no por la ventana, sino el hecho de mirar por ella. Bueno, dice Mònica, como estás tan ocupado en mirar por la ventana te llamaré en otro momento. No cuelgues, le digo; que me dedique a mirar por la ventana no significa que no te haga caso; te hago. No te de­dicaría mayor atención si no mirase por la venta­na. Ahora mismo podría estar hablando contigo, de esto y aquello, y, si no te hubiera dicho que miro por la ventana, no te habrías dado cuenta. De hecho, tengo que darte las gracias porque, hasta que hemos empezado a hablar, yo mismo no era del todo consciente de la dimensión ex­cepcional de este mirar por la ventana. Dudo que nadie en el mundo haya mirado nunca por la ventana con la convicción absorbente con la que yo miro ahora: la de estar transformando un acto banal en una obsesión inútil a la que habré dedi­cado unas horas para, después, olvidarme para siempre; espero. Cuando me has preguntado qué hacía, te he dicho «miro por la ventana» como ha­bría podido decirte que estaba delante de la mesa, o sentado en la silla giratoria. Porque estoy delan­te de la mesa y sentado en la silla giratoria todas las horas que hace que miro por la ventana. Pero, desde el momento en que he optado por decirte que miraba por la ventana, la situación se ha con­vertido en singular. Es muy cierto que algún otro día -u hoy mismo, quizás- volveré a mirar por la ventana, pero posiblemente nunca en la vida vol­veré a dedicarme a ello con la fe de ahora. Al me­nos, con la sorpresa de descubrir una posibilidad inesperada en esta vida tan conocida. Hala, dice Monica, luego te llamo; y cuelga.

…/


Fragmento de MIRO POR LA VENTANA, el quinto de los diecinueve relatos que Quim Monzó ha reunido bajo el título de Mil cretinos, publicado por Anagrama recientemente.


Office in a Small City, 1953. Edward Hopper.

De repente asocié una imagen con la situación descrita en el cuento de Monzó y que venía a corresponderse con esta obra de Hopper. A mi parecer, viene que ni pintada para ilustrar y completar esta entrada sin ninguna otra aspiración que la de recomendar la lectura de uno (el libro) y la contemplación del otro (el cuadro).

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¿NOCILLA O NUTELLA?

Posteado por: Miguel Ángel el 30 mar En: Narrativa - 4 comentarios

3.

Sandra hace el vuelo Londres-Palma de Mallorca. Apenas 1 hora en la que el giro de la Tierra se congela. Hojea la revista British Airways News. Reportajes de vinos Ribeiro, Rioja, las últimas arquitecturas high-tech en Berlín, ventas por correo de perlas Majorica. Sobre una foto de una playa del Caribe le cae una lágrima, pero no por culpa de la playa, ni del Caribe, ni de la gravitación que les es propia a las lágrimas. Mira por la ventanilla, lleva los ojos al frente. Ni nubes ni tierra. Constata lo que ya sabía: en los aviones no existe horizonte.

Texto de Nocilla experience. Agustín Fernández Mallo.


El proyecto trilógico Nocilla de Fernández Mallo parece perder fuelle. Y es que Nocilla experience (Alfaguara, 2008), segunda entrega de la trilogía, ya no posee el frescor narrativo de Nocilla dream (Candaya, 2007). Opino, como modesto y ocioso lector, que tal vez debería haberse quedado en un solo libro (si se quiere, más voluminoso) pues la manera de contar las vicisitudes de sus solitarios personajes en el primero era un factor de originalidad, un patrón de escritura indie que quizá no tuviera que exprimir para no perder singularidad. Tal vez el autor tenga bastante material para su proyecto, y para eso, como para la crema de cacao, hay soluciones: preséntese en tarro mayor, pero que sea auténtica nocilla, que unta mejor. Aparte de esta observación, Nocilla experience cuenta historias interesantes, en tanto en cuanto surgen de personajes antagónicos unidos por la misantropía, las obsesiones personales o la poética de la vida solitaria, elegida o no, en un mundo a veces hostil. Cumple pues con el entretenimiento.

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FRANCISCO ODISEO KAFKA

Posteado por: Miguel Ángel el 8 mar En: Narrativa - sin comentarios


EL SILENCIO DE LAS SIRENAS

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

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