Ella es Kseniya Simonova. Domina la técnica sand drawing (o sea, que pinta con arena), y con esta materia es capaz de contar, en ocho minutos, la invasión alemana de Ucrania durante la II Guerra Mundial. Otra forma de narrar una historia (y emocionar a la peña). Algo cursi es la muchacha, pero sí que tiene arte.
No hace falta alejarse de Plasencia para ver un buen trabajo artístico, como es el caso del que muestra Pilar Porras en Galería La Tea, 6. Ayer por la tarde-noche inauguró la exposición de dibujos y grabados, que se mantendrá hasta el 31 de julio, y allí estuvimos amigos y colegas acompañándola. Sólo cabe felicitar y reconocer, en esta ocasión, la labor como dibujante de Pilar, terreno que conoce y maneja con facilidad, cualidades éstas necesarias para discernir entre intento de pintor y PINTOR como se lee. A mi parecer, Pilar Porras ha ingresado en esta última definición, enseñándonos aquí una minuciosa labor, donde la combinación de sencillez (esencia del arte japonés), paciencia y pasión por lo que hace, da como resultado estampas que hablan de serenidad y belleza.
En una ocasión, Manet dijo al pintor Georges Jeanniot: «La concesión en el arte es una necesidad». Sería difícil encontrar una pintura más concisa que ésta. Manet comprendió bien el poder de la economía de la línea, y produjo obras maestras de concisión como sus retratos de Berthe Morisot, Victorine Meurent y el elegante El caramillero. Y no digamos de El espárrago, fruto de una venta de otro cuadro titulado El manojo de espárragos que vendió por 800 francos a un editor de la época llamado Ephrussi, y como éste le mandó 1000 francos como pago, Manet pintó un solo espárrago en un pequeño lienzo que le envió con una nota: «El que faltaba».