La Coctelera

Categoría: Poesía

Arrebato poético

Crímenes perfectos

 

Simplemente estuve en el lugar adecuado

en un momento inoportuno de su vida.

Nos encerramos seis días luminosos

en un hostal sórdido de nombre impronunciable.

Juré que nunca le haría daño,

engolando la voz con ademanes de político.

Y acabó siendo una mentira

(o tal vez lo fuera desde el principio).

 

Romper el corazón de una desconocida

en una ciudad lejana y huir sin dejar rastro,

mail, ni número de teléfono. Tal vez sí es posible

el crimen perfecto.


 

* * *

De Víctor Peña Dacosta, recogido de Trabajos de amor disperso, pequeño poemario editado y promocionado por el Instituto Español ''Juan Ramón Jiménez'' de Casablanca. Conócele un poco más a través de su sitio, donde se presenta (sarcástico) como especialista en perder el tiempo, aunque su juventud no se lo permita. Este poeta y letrista de canciones tiene mucho que decir y contar.

 

compártelo

d'Asturies

El invierno en Llanes

Dangerous pavements
but this year I face the ice with grandfather's stick
Seamus Heaney


Mi abuelo me había hablado de estas cosas: el invierno
no es la nieve, tan extraña en los pueblos de la costa;
el invierno no es sentir cómo la lluvia
te cala los huesos, es sentirla
penetrar por las mil cicatrices del alma,
muy despacio, inevitablemente. Es sentir
el frío no en las piernas al volver a casa,
sino en las yemas de los dedos
por cada tacto no recordado. En realidad
mi abuelo nunca me dijo estas cosas; o al menos
no me las dijo claramente, me las dejó leer
en el cansancio de sus ojos, o tal vez
las leí a escondidas mientras él las releía
escritas con letra indeleble, punzante, con letras de sal
en la carne viva de su propio corazón. Aquel dolor
me resultaba entonces incomprensible, de tan antiguo.
Hoy que el invierno llama a mi puerta, no muy fuerte,
porque no es necesario, porque sé que no me queda
otro remedio que dejarlo entrar, he recordado
aquellos ojos; su forma de caminar, tan rápida,
no por llegar antes, ni por huir, a sabiendas
de que aceptar tarde la derrota no la atenúa.
Hoy que los caminos se abren ante mí
más resbaladizos que de costumbre,
helados por las dudas antiguas,
salgo de igual modo a la calle,
resignado, pero libre de temores,
afrontando el hielo con el bastón de mi abuelo.

 

Poema de Martín López-Vega, extraído de la antología 36 estrategias.

compártelo

solsticios y equinoccios del alma

INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR

[Poema: Texto completo]

Ángel González


Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.


compártelo

PIQUERO est

Ya está en librerías y su autor lo anuncia. Congratulations.


 

WAKEFIELD

 

¿Estás ahí? La casa te ha expulsado

de nosotros, igual que un estornudo.

Si cruzara la puerta ¿dónde te encontraría?

A lo mejor estás en el jardín,

sonando como el agua. Si cerrara los ojos

¿sabré escuchar lo que no ven los ojos?

El roce del vestido, el corazón latiendo,

La intemperie.

 

Estás pero no estás.

Eres la parte más densa del aire cuando de hace de noche

y muevo en ti los brazos para no dar contigo,

cáscara de la casa.

                           Las ventanas

no conocen tu busto, y llueve, llueve.

 

La soledad es eso:

el hilo de la araña que va estrechando el mundo.

La puerta está cerrada como un ferétro

y la luz encendida.

 

 


 

Este poema de José Luis Piquero forma parte de El fin de semana perdido, novedad literaria (editada por DVD) que este próximo otoño podrás encontrar en librerías. Tras doce años sin publicar, el poeta emerge de nuevo desde el abismo de su mundo interior para compartir con el lector territorios íntimos, jalonados por caminos de difícil tránsito, señales que configuran su propio mapa emocional.

compártelo

DE MYRIAM RUBIO

 

KINESTESIA

 

Le perdí el miedo a la piel desde la infancia

cuando olía a mandarina,

a moho y a pimentón.

Encuadraba imágenes,

filtradas  y almacenadas

bajo mis párpados

y hacía de los naranjos

entes evocadores de nostalgias.

 

Anidaba en  los ojos

y más adentro,

para palpar las manos,

el barro,

el óleo o la sangre.

 

Le perdí el miedo a la piel

propia

o ajena,

a las caricias, al abrazo,

a la voz que rebota en otra piel:

boomerang de venganza

que a veces guillotina la ternura.

 

Supe ser prisma,

pequeña pirámide de cristal,

para descomponer la luz

en siete tonos.

Supe ser gota,

 y capturar la blancura del sol

suspendida en la atmósfera.

 

Olor, tacto, palabra y movimiento.

Hace mucho,

mucho...

que perdí el miedo a decir lo que siento.

 


A mí también me gusta, mi querida My.


compártelo Tags: myriam, rubio

DOS POEMAS DE JOTA SIROCO

Yo no soy un poeta,
yo soy un ordenanza de adjetivos
¡Y hay exigencias, oiga,
que no cualquiera sirve para el puesto!

Llegan aquí jugándola al despiste,
sin querer guardar cola,
como me está ordenado
y hay que decir: usted está en desuso,
o
usted me cae más gordo que Stand Laurel.

En fin que no es tan fácil esto,
que es este santo oficio
tan frío y tan cruel como el del prestamista,
y guarda mas mafiosos que Sicilia.
En fin...
que no sé si me explico.

٭ ٭ ٭

Ayer me fui a un casting de poetas
¡cosa tan seria, amor!
Andaban por allí:
el pedantón añil de barba egregia,
el Che de cubalibre y barrafija,
la rubia dulce-musa-siempreapunto
y el llorador de lunas,
en vías de extinción como los patos.

¿Tú qué pintas aquí? -me preguntaron-
se te nota en la cara que no sufres,
que no mueres de amor,
no gimes por olvidos,
ni levantas banderas a los vientos,
¿tú qué pintas aquí? ¡maldita sea!
¡sólo quieres cargarte el chiringuito
de la lágrima viva!,
Yo venía, y ustedes me disculpen,
...como el hambre no entiende de relojes...
por eso del jamón de pata negra,
pues anda quejumbroso mi esqueleto
de tanta sinalefa a la parrilla.

Debo decir que fueron generosos,
me dieron al final una cuarteta,
doscientos versos libres,
tres canciones canallas
y una flor natural de la marisma.
Soporten con paciencia la postdata:
... era la flor tragable
¡voto a bríos!
recocida en caldo de puchero.

compártelo

FRAGMENTOS DEL ROMANO

(13)

Más allá de tus senos extendidos

no hay nada que no sea tierra de bárbaros.


(23)

Quien un instante fue otro en otro instante

pertenece ya al reino de lo oscuro.


(40)

Hay otro punto cardinal: su ombligo.


(60)

Su vaiven es el alma del centeno.


(117)

No dos, tres sombras hacen los que se aman:

la tercera es la sombra del olvido.


(148)

No cantaba Caronte: era su risa

lo que seguía sonándome en las venas.


(164)

Estar entre sus brazos era ser.

Y he aquí cumplida mi xistencia: estuve.


Textos de Antonio Sánchez Zamarreño, extraídos su libro Fragmentos del romano.


compártelo

DESPEDIDA

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

... /


Alejandro Aura



De esta manera dijo adiós Alejandro Aura el pasado 30 de julio en Madrid, ciudad donde vivía. Este escritor mejicano mantuvo su blog hasta el día antes de morir, consciente de que así podría ser. Dos entradas finales: un aviso y una despedida escrita y recitada. Juan Cruz firma una breve pero intensa crónica, aparecida en El Pais el día después de la desaparición de Aura; semblanza que acerca a la persona del poeta, dramaturgo (y también bloguero). Así pues, la vida continúa.

compártelo