LA CUEVA

Me repliego a la cueva.
Huyo del incienso
y vuelvo al humo.
Otros trazan mapas
inútiles
para el regreso.

Cavernosa emoción
de aromas y óxidos.
Abrigo,
cobijo, instinto,
razón y silueta.

Detrás quedó el asfalto
y, más atrás,
las sombras.

De la serena gruta,
hago mi catedral.
Fragua de arcilla,
cúpula de creencias,
húmedo muro de agua y sangre.

En medio del hogar,
como una antorcha,
siemprevivas rosadas
atraviesan el jarrón transparente.

Piedra en la mano,
mano en la piedra.
En la pared, mi mano.
El arte en las paredes de Altamira.