PUDO SER ASÍ
el 25 nov En: Narrativa - sin comentarios
LA SESIÓN
Una leve sonrisa asomaba entre rubios mechones que caían sobre su cara, pálida y rosa, mientras dormía. La cabeza reposaba en el brazo izquierdo como improvisada almohada y el resto del cuerpo, vestido de seda violeta, componía tan delicada figura que parecía levitar. Viéndola de este modo, tocada por la indolencia del sueño, parecía presa de la extenuación. Tal lasitud presentaba aquella mañana que, aún vestida de diosa, se dejó caer sobre el sofá de la terraza al llegar a casa de Jean, una espaciosa vivienda situada en Quai Voltaire junto al Sena. Y es que la sesión de la noche anterior se prolongó hasta bien entrada la mañana. Noche bañada en absenta, la del Café de Flore, donde OIga y Jean se habían citado con Pablo, pues éste quería trabajar en una serie de acrílicos sobre la diosa Juno, cuyo modelo ideal estaba en la amiga bailarina de Jean, llegada a París con los Ballets Rusos unos meses antes. Hubo cena, algún chiste mal contado, risas y humo. Luego, el grupo se trasladó al áticoestudio de Pablo en Montmartre, en el que OIga se transformaba en mito, el pintor vertía su frenesí en la tela y el poeta, echado en un camastro, observaba la escena al tiempo que iba anotando versos que después recitaba con voz solemne. Sólo pudieron aplacar tanta intensidad las densas volutas de opio que Jean hizo propagar por la estancia y de las que Juno ardiente se sintió dulcemente envuelta hasta primeras horas de la mañana, cuando de regreso al hogar, la mixtura de su propio sudor y la humedad del río ejercían en ella un poder tonificante para cuerpo y alma.


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