Yo no soy un poeta,
yo soy un ordenanza de adjetivos
¡Y hay exigencias, oiga,
que no cualquiera sirve para el puesto!

Llegan aquí jugándola al despiste,
sin querer guardar cola,
como me está ordenado
y hay que decir: usted está en desuso,
o
usted me cae más gordo que Stand Laurel.

En fin que no es tan fácil esto,
que es este santo oficio
tan frío y tan cruel como el del prestamista,
y guarda mas mafiosos que Sicilia.
En fin...
que no sé si me explico.

٭ ٭ ٭

Ayer me fui a un casting de poetas
¡cosa tan seria, amor!
Andaban por allí:
el pedantón añil de barba egregia,
el Che de cubalibre y barrafija,
la rubia dulce-musa-siempreapunto
y el llorador de lunas,
en vías de extinción como los patos.

¿Tú qué pintas aquí? -me preguntaron-
se te nota en la cara que no sufres,
que no mueres de amor,
no gimes por olvidos,
ni levantas banderas a los vientos,
¿tú qué pintas aquí? ¡maldita sea!
¡sólo quieres cargarte el chiringuito
de la lágrima viva!,
Yo venía, y ustedes me disculpen,
...como el hambre no entiende de relojes...
por eso del jamón de pata negra,
pues anda quejumbroso mi esqueleto
de tanta sinalefa a la parrilla.

Debo decir que fueron generosos,
me dieron al final una cuarteta,
doscientos versos libres,
tres canciones canallas
y una flor natural de la marisma.
Soporten con paciencia la postdata:
... era la flor tragable
¡voto a bríos!
recocida en caldo de puchero.