El invierno en Llanes

Dangerous pavements
but this year I face the ice with grandfather's stick
Seamus Heaney


Mi abuelo me habĂ­a hablado de estas cosas: el invierno
no es la nieve, tan extraña en los pueblos de la costa;
el invierno no es sentir cĂłmo la lluvia
te cala los huesos, es sentirla
penetrar por las mil cicatrices del alma,
muy despacio, inevitablemente. Es sentir
el frĂ­o no en las piernas al volver a casa,
sino en las yemas de los dedos
por cada tacto no recordado. En realidad
mi abuelo nunca me dijo estas cosas; o al menos
no me las dijo claramente, me las dejĂł leer
en el cansancio de sus ojos, o tal vez
las leí a escondidas mientras él las releía
escritas con letra indeleble, punzante, con letras de sal
en la carne viva de su propio corazĂłn. Aquel dolor
me resultaba entonces incomprensible, de tan antiguo.
Hoy que el invierno llama a mi puerta, no muy fuerte,
porque no es necesario, porque sé que no me queda
otro remedio que dejarlo entrar, he recordado
aquellos ojos; su forma de caminar, tan rĂĄpida,
no por llegar antes, ni por huir, a sabiendas
de que aceptar tarde la derrota no la atenĂșa.
Hoy que los caminos se abren ante mĂ­
mĂĄs resbaladizos que de costumbre,
helados por las dudas antiguas,
salgo de igual modo a la calle,
resignado, pero libre de temores,
afrontando el hielo con el bastĂłn de mi abuelo.

 

Poema de MartĂ­n LĂłpez-Vega, extraĂ­do de la antologĂ­a 36 estrategias.