La Coctelera

Categoría: Cajón de sastre

MIAJADAS, CIUDAD ABIERTA...

Posteado por: Miguel Ángel el 21 jun En: Cajón de sastre - 1 comentario

... CIUDAD DEL ARTE. 

Comienza, con el verano, el Festival de las Artes de Miajadas, celebrándose del 22 al 27 de junio (ya mismo) con literatura, obras de teatro, cine, conciertos, etcétera.

Pincha sobre el cartel del FAM y accederás a la programación completa de este prometedor evento.

 

 

 

 

 


 

 

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'El rey de las cosas pequeñas' habla de...

Posteado por: Miguel Ángel el 6 ene En: Cajón de sastre - 3 comentarios

Los trofeos

Donde la belleza pierde su nombre

Normalmente me refiero a los pequeños objetos con amor, pero en este capítulo voy a escribir desde la inqui­na. Existen unos pequeños objetos a los que se les trata con más respeto del que se merecen: los trofeos.

Hay varios tipos de trofeos y eso ya no lo soporto. Están los que tienen forma de objetos de menaje del ho­gar: copas, bandejas, ensaladeras, vasos, platos de cerá­mica... Luego están los trofeos antropomórficos, los que tienen forma de señor haciendo cosas: señor en bici, señor tirando unos dardos, señor dándole una patada a un balón...

Tanto los unos corno los otros tan sólo han de tener una cualidad, ser feos. Ya lo dice la palabra, «trofeo». Tro: que viene de «troll» y que en el idioma gnomo sig­nifica «feo», y «feo» que quiere decir «feísimo». Trofeo: feo feísimo.

Los feos, normalmente, desarrollamos la faceta de ser simpáticos, pero los trofeos no, son unos cretinos. Un tío termina la maratón, acaba de correr cuarenta kilóme­tros y le dan una copa vacía. ¡Ponle un Isostar, un caldito de pollo, cualquier cosa! Es corno decide: «Te has ganado la copa. Corre otros cuarenta kilómetros y a lo mejor te echamos un chorrito de algo». El pobre atleta se asoma a la copa vacía y lo único que ve es una tuerca. Hay gente que ha llegado a beberse la tuerca. Los que ganan la Li­ga o la Copa del Rey se han bebido la tuerca fijo, porque siempre levantan la copa y se les desmendruja toda. Esos trofeos debe de fabricarlos el mismo que hace la corona de Miss España.

Nunca se sabe qué trofeos pueden gustar y qué tro­feos no. Por ejemplo, en el Festival Erótico de Barcelona, el premio más valorado es el de consolación.

Cuando veo los trofeos, siempre pienso en el hom­bre del buril, el que tiene que grabar los nombres de los actores en la plaquita del Óscar. Ese tío sabe quién ha ga­nado el Óscar antes que nadie. Me lo imagino hablando con el jurado: «Tíos, no se los deis a gente con nombres largos, que para el lunes no llego». Eso explica que nun­ca le den el Óscar a Arnold Schawarzenegger, Macaulay Culkin o Montxo Armendáriz. Por culpa del hombre del buril, la Academia prefiere premiar a gente con nombres cortos, como Sean Penn, Paul Muni, Burl Ives, Ed Be­gley, Patty Duke, Gig Young, John Mills, Joel Grey, Lee Grant, Joe Pesci, Helen Hunt, Judi Dench, Halle Berry, Cher... Si no, ¿¡cómo se explica que Tom Hanks haya ga­nado dos!?

Los trofeos pueden estar en varios sitios, ninguno de ellos muy digno, la verdad. Cuando tienes doce años, lo tienes en la estantería de la habitación, te hace ilusión y se lo enseñas a la gente: «Mira, soy tercer premio de carreras de sacos del Parque de Santa Margarita. Quizá el año que viene me presente a las nacionales y, ¿quién sabe?, tal vez al Mundial».

Con el paso del tiempo lo sigues guardando en la habitación, pero escondido en lo alto de un armario porque te da vergüenza. Cuando te vas de casa tu madre, lo vuelve a sacar y lo pone a la vista para que la gente lo vea: «Pues sí. Luisito fue campeón de carreras de sacos... Po­día haberse presentado al Nacional, pero al final se hizo guionista. Fíjate, a lo mejor ahora tendríamos un cam­peón en la familia...».

Otro sitio donde pueden estar los trofeos es la vitri­na del colegio. En todos los colegios hay una vitrina llena hasta arriba de premios que han ganado otros. Un cole­gio es como un gigantesco imán de trofeos. A lo mejor, por eso no le dieron el Óscar a Macaulay Culkin. Dijeron: «Para que se lo quede el colegio, pasamos».

El trofeo más intrigante que existe es el que sale di­bujado en los tetrabriks de Pascual, que es como una se­ñora con una letra ce en la cabeza. También lo tienen las aguas minerales y las patatas fritas. En las bolsas de pa­tatuelas se ven varios trofeos dibujados y pone: «Premio a la Calidad, Düsseldorf, 1979». Yo un día quiero ir a la entrega de esos premios.

-En esta nonagésima Gala de Calidad Alimenticia los nominados al mejor Piscolabis Salado son: Tostapán, S.L. por Friquitos al jamón, Industrias Fritosán, S.A. por Fritosanitos Bacon Más Sabor, y Fritos Crepitata por Crujicrec Balún, la patata que hace globos.

A la salida, los comentarios: «Este año ha venido Fri­tosán con el quico blando y ha arrasado...».

Al fin Y al cabo, los trofeos son un recuerdo. Cuando mi padre se fue del banco le dieron una especie de bandejita de plata de recuerdo... para que no se le olvidara. Eso no lo entiendo, ¿qué tipo de memoria tiene una per­sona que necesita que le apunten en una plaquita lo que ha hecho durante cuarenta años? ¿Creen que se le va a ol­vidar? No me imagino yo a mi padre... «Oye, ¿dónde es­tuve yo estos últimos cuarenta años?».

Ahora entiendo por qué son feos los trofeos. Son feos porque son para inmortalizar algo y todos sabemos que la belleza es efímera. Por eso los trofeos tienen que ser espantosos, como el holocausto, o Chernobyl o todas esas cosas horribles que jamás se nos olvidarán.


* * *


Por Luis Piedrahita.
Del libro Dios hizo el mundo en siete días... y se nota (© Punto de lectura, S. L. / Ediciones Santillana).


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POÉTICA DEL PAISAJE (en casi dos minutos)

Posteado por: Miguel Ángel el 14 dic En: Cajón de sastre - 1 comentario

Fotografías de Giorgos Kiriakidis y música de Jan Garbarek (fragmento de RITES).

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¡Alehop! MAGIA

Posteado por: Miguel Ángel el 4 dic En: Cajón de sastre - 1 comentario

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LAS PALABRAS Y EL TIEMPO

Posteado por: Miguel Ángel el 12 nov En: Cajón de sastre - 4 comentarios

Platón dijo: «el tiempo es una imagen móvil de la eternidad». Tal pensamiento obliga, de algún modo, a reducir el concepto para hacerlo más “asible” a la razón, y convenir, a fin de cuentas, que el «tiempo» es lo que duran las cosas sujetas a cambio. Exista o no el tiempo, sea movimiento y transformación de lo circundante o lo que fuere, el caso es que el ser humano se preocupó de calibrarlo con instrumentos (un débil intento de controlar lo que por sí solo se gobierna). Pero existe, bajo mi punto de vista, otra manera más agradable de medir el tiempo: hacerlo con palabras. Así, en un abrir y cerrar de ojos, santiamén, suspiro, en un decir Jesús, en un pis-pas, en menos que canta un gallo, en un periquete, en tiempo de Maricastaña, el año de la nana (o la polca), más viejo que Matusalén, cada muerte de obispo, de higos a brevas, de Pascuas a Ramos, etcétera, son expresiones que vienen a dar sentido al tempus fugit de la nuestra vida.

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ÁREA DE FUMADORES (III)

Posteado por: Miguel Ángel el 6 oct En: Cajón de sastre - 3 comentarios

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PALÍNDROMO

Posteado por: Miguel Ángel el 6 sep En: Cajón de sastre - 11 comentarios

S A T O R
A R E P O
T E N E T
O P E R A
R O T A S

Meriyou me pregunta qué clase de palíndromo es el primero que aparece en el anterior artículo. En realidad más que palíndromo podría llamarse cuadrado mágico, pudiéndose leer tanto en vertical como en horizontal y cuya traducción del latín podría ser: el sembrador Arepo guía con destreza las ruedas. Estas frases fueron encontradas en las ruinas de Pompeya y otros yacimientos romanos.

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ASÍ FUE

Posteado por: Miguel Ángel el 14 abr En: Cajón de sastre - 4 comentarios


La crucifixión, tan utilizada por los romanos, era el método de asesinato legal más terrorífico, y de esta forma actuaba no sólo como método de ejecución, sino como advertencia a todo el que pensara vulnerar las leyes. Por eso la crucifixión era pública y en lugares abiertos, para que los cuerpos quedaran expuestos y todos pudieran ver el castigo.
Gracias al descubrimiento de los huesos de Giv´at ha-Mitvar, desenterrados en 1968 al norte de Jerusalén y que pertenecen a un hombre crucificado de unos 26 años de edad y 1,67 metros de altura, podemos tener una idea muy completa de cómo era este inhumano y despreciable castigo.
En primer lugar, tal y como describen los Evangelios, los reos de muerte eran flagelados. Los romanos utilizaban tres grados de dureza en la flagelación con látigo, así, la más dura era para los reos de muerte. Luego le cargaban el travesaño a la espalda y le hacían llevarlo hasta el lugar de la ejecución, donde el madero vertical estaba clavado de manera fija, esperando a su víctima. El hombre era tendido en el suelo boca arriba y sus brazos clavados al travesaño (no podían clavarles las palmas de las manos porque el peso desgarraría la carne fácilmente, por eso se clavaban los brazos del reo por debajo de las muñecas, entre los dos huesos del antebrazo: el cúbito y el radio). Entonces se subía el travesaño y se fijaba al madero vertical. El reo estaba de pie y podía apoyarse en un listón de madera que servía de asiento. Le subían las piernas y le clavaban los talones al madero.
El examen de los clavos ha demostrado que el clavo atravesaba antes un trozo de madera de acacia o almendro para fijarse mejor. En este caso concreto, el clavo se había fijado a los huesos de los talones de tal modo que para descolgar al reo tuvieron que cortarle uno de los pies. Todo el peso del cuerpo quedaba colgado de los brazos, por lo que el cuerpo tiraba hacia abajo y los clavos iban desgarrando la carne de los antebrazos hasta que los huesos de las muñecas frenaban el descenso y el hombre comenzaba una agonía que podía durar horas y horas hasta que fallecía por asfixia entre horribles sufrimientos
Como medida de gracia, los soldados que llevaban a cabo esta espantosa ceremonia, podían partirle las piernas a golpes para acelerar su muerte, tal y como demuestra el examen médico de estos huesos donde el ángulo de la fractura es clave para determinar la postura exacta del reo en la cruz. Los huesos de Giv´at ha-Mitvar, que probablemente pertenezcan a un zelote que combatió a los romanos nos muestran heridas atroces que testimonian el completo desprecio por la vida que reinaba entonces y aún ahora en muchas naciones.

Fuente: José I. Lago
Ilustración: Peter Connolly.

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